Escrito en noviembre de 2006
La exposición “Del Otro Lado” tiene como objetivo transmitir el aporte femenino a la sociedad, a través de obras de varias artistas chilenas, que han plasmado sus experiencias como mujeres que viven y se desenvuelven en el mundo actual, proyectando lo que las rodea y sus conflictos con lo masculino.
Este tipo de arte es contemporáneo, destacándose la individualidad en cada una de las obras, la búsqueda de una diferenciación, pero sin olvidar la tradición ni el pasado, ya que se encuentran insertas en el arte de avanzada, que proviene desde los años setenta e intentan recoger la forma de pensar y sentir de las mujeres en la sociedad chilena.
La obra que más me llamó la atención, sin desmerecer a las demás, aunque algunas no son de mi gusto, fue la de Mónica Bengoa, que con servilletas pintadas una por una, algo tan simple, crea un cuadro cotidiano. Con esto logra diferenciarse de todas las demás, porque su técnica es novedosa, innovadora, creativa y, además, traspasa un espacio privado y acogedor al ojo del espectador.
Un montaje que tiene un significado propio es el de Virginia Errázuriz, donde también muestra una parte de su privacidad, al colocar objetos autobiográficos sobre un mueble, en el que se encuentran reflejados su pasado y su presente, cosas que la han llevado a ser la mujer que es hoy, donde demuestra su autenticidad, tratando de capturar el aquí y el ahora.
En la instalación de Cristina Arancibia, se transmite la lucha de la mujer durante toda la historia para lograr su libertad, su independencia, para obtener un lugar y un espacio en la sociedad, algo más que sólo traer hijos al mundo y cuidarlos. En la obra, la líder de este movimiento es una mujer que lleva a dos hombres encadenados, lo que representa el poder que han alcanzado las mujeres en los últimos años.
Por último, las obras de Paula Dittborn retratan también este poder femenino, una mujer gritando o protestando por sus derechos, pero en contrapunto con el poder masculino, mediante cuadros seriales, como en el cine, donde se muestra su autoridad en un lugar de trabajo. Lo interesante aquí es la técnica utilizada, que no es una simple pintura, como muchas otras, sino que busca la individualidad y la autenticidad. Además, la ubicación de los cuadros trata de ilustrar que la mujer está por encima del hombre, como observándolo desde lo alto.
El hecho de exponer obras de autores masculinos acerca de las mujeres me pareció una forma de conocer cómo nos observaban y nos trataban los hombres en los siglos anteriores, de lo que se puede deducir que nos veían como seres delicados, bellos, románticos, decorativos, vanidosos.
Sin embargo, esto da a conocer la tradición en la pintura chilena, que es el punto de partida para cualquier obra de arte que se realice en nuestros tiempos, es algo que no puede dejarse de lado, porque forma parte de la historia y es lo que hace que se busquen nuevas maneras de transmitir emociones y sentimientos, de encontrar la individualidad y de evitar la reproducción.
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